El cáncer infantil sacude a las familias y evidencia carencias sanitarias en Ourense
El diagnóstico de cáncer en un niño supone un impacto devastador que paraliza por completo la vida familiar. Así lo relatan Beatriz González y Natalia Varona, dos madres que han vivido de cerca esta realidad: el hijo de Beatriz logró superar la leucemia tras dos años de tratamiento, mientras que la hija de Natalia falleció en 2025 a causa de un tumor. Ambas coinciden en que la enfermedad transforma para siempre la forma de ver la vida, obligando a replantear prioridades y a valorar el día a día.
En la provincia de Ourense, donde se detectan alrededor de cinco casos anuales de cáncer infantil, las familias se enfrentan además a importantes dificultades estructurales. La ausencia de una unidad de oncología pediátrica obliga a trasladarse a Vigo, lo que implica abandonar hogar, trabajo y rutina de forma repentina. En este contexto, la asociación Bicos de Papel desempeña un papel clave ofreciendo apoyo emocional, económico y logístico durante todo el proceso.
El acompañamiento resulta fundamental en una experiencia marcada por la incertidumbre y el sufrimiento. Las familias destacan la importancia de contar con apoyo psicológico y con otras personas que han pasado por lo mismo. Iniciativas como la casa de acogida cerca del hospital facilitan la estancia durante los tratamientos, mientras que actividades solidarias, como la carrera organizada por la Policía en Ourense, permiten recaudar fondos para mantener estos servicios.
A pesar de los avances en la atención sanitaria, las familias reclaman mejoras urgentes, como la creación de una unidad de oncología infantil en Ourense y una mayor rapidez en la concesión de ayudas. También demandan un seguimiento psicológico y terapéutico más continuo tras los tratamientos. Mientras tanto, el tejido solidario y la experiencia compartida entre familias se convierten en un sostén esencial para afrontar una de las situaciones más duras que puede atravesar un hogar.
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